Me quitas la ropa y yo me dejo, aunque sé de sobra que tal vez mañana no me quieras ver más.
Todos me aconsejan que me retire de ti, yo también me lo recomiendo cuando me despierto por la noche llorando porque no estás, porque en el fondo nunca estuviste, porque cada vez estoy más segura de que nunca estarás.
Pero no hago caso, no escucho a nadie, la única voz capaz de convencerme es la tuya. Esa voz que un día me llama, aunque al rato le estorbe. Nunca llegaré a entenderte y, quizás, por eso me gustas tanto.
Sentada en la misma silla sigo esperando tu llegada, como todos los días que no vienes. No me canso de esperar. Sería capaz de quedarme aquí sentada toda la vida si supiera que te pasarías a verme, aunque tan sólo fueran cinco minutos.
Algunas veces da resultado y vienes a sentarte conmigo, me das la pequeña dosis que necesito para engancharme a ti con más fuerza y consigues que te siga buscando hasta donde sé que nunca irás.
Me dicen que estoy ciega, pero ellos no se dan cuenta de nada. No entienden que lo veo todo, y no sé cómo explicarles que me encantan tus cosas malas, sólo ellas son capaces de mostrarme lo mejor de ti.
Por eso, si me llamas, sabes que me pongo tu vestido favorito y que, si hace falta, te enseño a mentir. Puedes decirme que me quieres, porque a estas alturas ya no me lo voy a creer, pero por un rato podemos jugar a engañarnos; una tarde de viernes vestidos de domingo, riéndonos de lo que nunca seríamos capaces de entender.
Por eso, aunque mañana seamos sólo un recuerdo, nos quedará la duda de quién quiso más a quién.
Todos me aconsejan que me retire de ti, yo también me lo recomiendo cuando me despierto por la noche llorando porque no estás, porque en el fondo nunca estuviste, porque cada vez estoy más segura de que nunca estarás.
Pero no hago caso, no escucho a nadie, la única voz capaz de convencerme es la tuya. Esa voz que un día me llama, aunque al rato le estorbe. Nunca llegaré a entenderte y, quizás, por eso me gustas tanto.
Sentada en la misma silla sigo esperando tu llegada, como todos los días que no vienes. No me canso de esperar. Sería capaz de quedarme aquí sentada toda la vida si supiera que te pasarías a verme, aunque tan sólo fueran cinco minutos.
Algunas veces da resultado y vienes a sentarte conmigo, me das la pequeña dosis que necesito para engancharme a ti con más fuerza y consigues que te siga buscando hasta donde sé que nunca irás.
Me dicen que estoy ciega, pero ellos no se dan cuenta de nada. No entienden que lo veo todo, y no sé cómo explicarles que me encantan tus cosas malas, sólo ellas son capaces de mostrarme lo mejor de ti.
Por eso, si me llamas, sabes que me pongo tu vestido favorito y que, si hace falta, te enseño a mentir. Puedes decirme que me quieres, porque a estas alturas ya no me lo voy a creer, pero por un rato podemos jugar a engañarnos; una tarde de viernes vestidos de domingo, riéndonos de lo que nunca seríamos capaces de entender.
Por eso, aunque mañana seamos sólo un recuerdo, nos quedará la duda de quién quiso más a quién.







5 comentarios:
malditas espirales, sal de ahí ya!!! como siempre, me gusta!
:) me ha gustado mucho. Creo que soy fan, sobre todo, de tus últimos párrafos
siempre hacemos justo lo contrario a lo que nos dicen, por eso nos enganchan tanto las cosas prohibidas
ESTAMOS Y NO ESTAMOS... "SER O NO SER, ESA ES LA CUESTIÓN"
TE SALUDO DESDE ALGÚN MENTIROSO LUGAR DE MÉXICO. AGRADABLE BLOG EL TUYO Y TE SEGUIRE VISITANDO, ESPERO NO TE MOLESTE.
TE INVITO A VISITARME TAMBIEN
"LA VIDA ES UN GRAN CIRCO, PERO SIN ESPECTADORES"
Cómo te entiendo, porque me veo reflejada en cada palabra... Si es que nos engañamos muchas veces sabiendo que no va a ir a más, pero somos incapaces de renunciar a esos momentos, aunque sean escasos y vayan precedidos de tristeza y echar demasiado de menos...
Un saludo!
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