¿Juegas? Es muy fácil. Yo me pido las azules.
Siéntate a mi lado, hoy pongo yo las reglas. No te asustes, no soy tan mala como tú; sonríe o saldrás mal en la foto.
Así, muy bien, esa cara es perfecta. Levanta un poco más la cabeza… ahora. Ahora ya podemos empezar.
Consiste en mirarme a los ojos, mírame hasta que ya no distingas de qué color son, hasta que encuentres en ellos lo que un día te gustó de mí. ¿Lo ves? ¿Hay algo? Tal vez no quede nada. Si lo encuentras sácalo, arráncalo de mis pupilas y tíralo a la basura, ya no lo necesitas. Recicla por favor, va en el azul. Es papel que se disolvió con cuatro lágrimas y por eso te olvidaste de ello. Pero no importa, te admiro precisamente por eso, por saber olvidar.
En la siguiente fase del juego tendrás que ser tú mismo. Preparados, listos… ¡ya!
Vamos, ¿a qué esperas? Haz lo que quieras. Se trata de tomar decisiones: bailar o quedarte parado, aprender o dejarlo todo pasar, ¿me besas o me sueltas?
Tiempo perdido intentar que juegues conmigo; si no quieres no seré yo quien te obligue, suelta las fichas, disfrázate de quien crees que eres y vete a hacerte trampas. Convéncete de aquello que te convenga pero no me pidas conejos, sabes que los míos hacen daño.
¿Sabes qué es lo peor de todo? Que siempre pensé que jugabas mejor que yo, que siempre me dio miedo jugar contigo y, ahora que no te atreves a terminar la partida, me doy cuenta de que mentiste. Pero no me mentiste a mí, te engañaste a ti mismo al creer que podrías ganarme. Y ahora ¿qué?, ¿quién tira los dados? Si no llegamos al final, ¿quién devuelve las fichas a la casilla de salida?
Vamos… ¿juegas?
Siéntate a mi lado, hoy pongo yo las reglas. No te asustes, no soy tan mala como tú; sonríe o saldrás mal en la foto.
Así, muy bien, esa cara es perfecta. Levanta un poco más la cabeza… ahora. Ahora ya podemos empezar.
Consiste en mirarme a los ojos, mírame hasta que ya no distingas de qué color son, hasta que encuentres en ellos lo que un día te gustó de mí. ¿Lo ves? ¿Hay algo? Tal vez no quede nada. Si lo encuentras sácalo, arráncalo de mis pupilas y tíralo a la basura, ya no lo necesitas. Recicla por favor, va en el azul. Es papel que se disolvió con cuatro lágrimas y por eso te olvidaste de ello. Pero no importa, te admiro precisamente por eso, por saber olvidar.
En la siguiente fase del juego tendrás que ser tú mismo. Preparados, listos… ¡ya!
Vamos, ¿a qué esperas? Haz lo que quieras. Se trata de tomar decisiones: bailar o quedarte parado, aprender o dejarlo todo pasar, ¿me besas o me sueltas?
Tiempo perdido intentar que juegues conmigo; si no quieres no seré yo quien te obligue, suelta las fichas, disfrázate de quien crees que eres y vete a hacerte trampas. Convéncete de aquello que te convenga pero no me pidas conejos, sabes que los míos hacen daño.
¿Sabes qué es lo peor de todo? Que siempre pensé que jugabas mejor que yo, que siempre me dio miedo jugar contigo y, ahora que no te atreves a terminar la partida, me doy cuenta de que mentiste. Pero no me mentiste a mí, te engañaste a ti mismo al creer que podrías ganarme. Y ahora ¿qué?, ¿quién tira los dados? Si no llegamos al final, ¿quién devuelve las fichas a la casilla de salida?
Vamos… ¿juegas?






1 comentarios:
Brutal.
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