¿Me puedes decir en qué momento nos hicimos amigos? ¿Cuántos secretos de más nos contamos para llegar a esa situación?
Me gustaba cuando me ponías la mano en el culo, no que me des una palmadita en la espada y dos besos de “nos vemos la próxima semana”.
Me gustaba que me mirases con ojos de prisa, como si fuera nuestra última oportunidad para vernos, que me tocaras con miedo como si fuera mentira y al pasar tus manos por mis caderas fuera a desaparecer para siempre.
Me gustaban nuestras despedidas de aeropuerto, aunque nos fuéramos a ver al día siguiente. Nuestras conversaciones a las tres de la mañana, negándonos a dormir por si acaso al día siguiente todo había sido un sueño. Me gustaban nuestros silencios porque contaban todo lo que no nos atrevíamos a reconocer cuando pronunciábamos las dos palabras más estúpidas que hemos dicho en nuestra vida: te quiero.
Me volvían loca nuestras risas cuando no nos poníamos de acuerdo, porque querían decir que no pasaba nada, que discutir era divertido con tal de pasar un rato juntos.
Me gustaban todas las estrategias que te inventabas para conquistarme, me gustaba lo mucho que yo te gustaba a ti.
Me gustaba lo que nos gustábamos hasta que nos dio por querernos, ahí lo estropeamos todo. Sabíamos que nos haríamos daño, que ninguno de los dos estaba preparado para dar lo que el otro esperaba y que la gracia de nuestra historia era que nunca se haría realidad, las cosas posibles no son tan bonitas. Tal vez por eso decidimos dejar de gustarnos y obligarnos a ser amigos. No sé, chico, a veces pienso que es la decisión más cobarde que hemos tomado en nuestra vida. Otras prefiero creer que, si nunca nos tenemos, siempre nos quedará algo por lo que luchar.
Me gustaba cuando me ponías la mano en el culo, no que me des una palmadita en la espada y dos besos de “nos vemos la próxima semana”.
Me gustaba que me mirases con ojos de prisa, como si fuera nuestra última oportunidad para vernos, que me tocaras con miedo como si fuera mentira y al pasar tus manos por mis caderas fuera a desaparecer para siempre.
Me gustaban nuestras despedidas de aeropuerto, aunque nos fuéramos a ver al día siguiente. Nuestras conversaciones a las tres de la mañana, negándonos a dormir por si acaso al día siguiente todo había sido un sueño. Me gustaban nuestros silencios porque contaban todo lo que no nos atrevíamos a reconocer cuando pronunciábamos las dos palabras más estúpidas que hemos dicho en nuestra vida: te quiero.
Me volvían loca nuestras risas cuando no nos poníamos de acuerdo, porque querían decir que no pasaba nada, que discutir era divertido con tal de pasar un rato juntos.
Me gustaban todas las estrategias que te inventabas para conquistarme, me gustaba lo mucho que yo te gustaba a ti.
Me gustaba lo que nos gustábamos hasta que nos dio por querernos, ahí lo estropeamos todo. Sabíamos que nos haríamos daño, que ninguno de los dos estaba preparado para dar lo que el otro esperaba y que la gracia de nuestra historia era que nunca se haría realidad, las cosas posibles no son tan bonitas. Tal vez por eso decidimos dejar de gustarnos y obligarnos a ser amigos. No sé, chico, a veces pienso que es la decisión más cobarde que hemos tomado en nuestra vida. Otras prefiero creer que, si nunca nos tenemos, siempre nos quedará algo por lo que luchar.







1 comentarios:
Me ENCANTA. Sobre todo la última frase.
Happy for read you once again :)
Publicar un comentario en la entrada