martes 11 de agosto de 2009

Las margaritas nunca dicen la verdad

“Eres mi mejor amiga”. Siempre quise escuchar esa frase, pero cómo jode que me la digas tú, que seas tú quien me destroce con cuatro palabras bonitas.

¿Qué hago ahora con todas la ilusiones? ¿Y con la cara de boba que se me queda cuando te veo? ¿Qué hago con todos los vasos que por temblar se cayeron?

Cómo me gustaría decírtelo, hacerte saber lo que siento. Cómo me gustaría ser fuerte, desprenderme de ti, convertirte en mi mejor amigo, cómo me gustaría olvidar que una vez me quisiste. Pero yo te espero, me empeño en sonreír y aguanto todos tus envites con valentía.

No veo, abro los ojos pero no puedo ver nada. Me ciegas. Pestañeo, intento apartar la mancha que me nubla la vista pero fracaso. Me gustas. Y te sigo, te acompaño a abrir mi herida y nos quedamos los dos observando cómo brota la sangre pero no siento dolor. Me anestesias. Contigo hasta mi sangre me gusta y me odio por ello, no soporto ser incapaz de imponer mis propias reglas en tu juego, no soy yo la que veo en el espejo. Me eclipsas.

Y cuando reúno el valor necesario me escapo, echando a correr sin rumbo, llevándome por delante todo lo que construí contigo. Pero me llamas, me atrapas y no dudo ni un segundo en volver, en volver una y otra vez a mezclar mi tiempo con el tuyo. Te ayudo a acabar con lo poco que aún queda de mí, se descosen los puntos de mi cicatriz y yo tiro con rabia, me los arranco uno a uno mientras me miras y tampoco duele porque tú estás allí.

Me aferro cada vez un poco más a ti aún sabiendo que quemas, que abrasas; no te suelto y me voy transformando en cenizas que caen indefensas al suelo, dejándose llevar por el aire que expulsas cuando pronuncias mi nombre.
Me gusta el veneno, sabe dulce si eres tú quien me lo da, pero no lo quiero, no quiero que me guste, no quiero que me invites a probarlo, a pesar de saber que no podré vivir sin ello. Malos vicios fueron tus besos que ahora pretenden vestirse de amistad, pero yo los probé cuando eran para mí y ahora no me reconozco al verme sentada en el suelo buscándolos bajo las baldosas.

Y me ahogo al hacerme reír y pierdo la cuenta deshojando rosas. Me desengañé al comprobar que las margaritas nunca dicen la verdad, sólo la transforman.

2 comentarios:

Alice dijo...

Sabes chica de rojo... te entiendo perfectamente. Yo también corría cada vez que me llamaba, y siempre se quedaba con pedazos de mi corazón, hasta que me quedé sin nada que él pudiera tomar y se fue para siempre, y yo me quedé sola y sin nada que ofrecer. Ahora estoy rehaciendo a mi corazón y no pienso volver a perderlo.

Leria Nope dijo...

"...te acompaño a abrir mi herida y nos quedamos los dos observando...".

"...cuando aún eran para mí...".

Ay, es el texto que más daño me ha hecho de los que has escrito :'(