sábado 29 de agosto de 2009

Números

Chico, tus números me descolocan. ¿Por qué no lo haces todo un poco más sencillo? No calcules la raíz cuadrada de lo que me quieres, que eso ya no se lleva y, además, se nos quedaría en nada.
Por favor, deja las ecuaciones para otro momento, sabes que por mucho que lo intentes nunca sabremos quién es la X y quién la Y, ni que relación existe entre ellas.

Yo juego a hallar la longitud de la circunferencia y tú el área del círculo. Tal vez esa sea la diferencia entre nosotros, distintas formas de entender la geometría de los sueños pero, al fin y al cabo, siempre dando vueltas.

A mí me gusta la poesía y tú te quedaste atascado en el sistema binario, con un 0 y un 1 lo solucionas todo y, en cuanto se cruza un 9 en tu vida, te asustas y te marchas a buscar un objetivo más bajo pero, eso sí, que baile mejor.

Y si, quizás tengas razón y la vida sea un baile y, tal vez, no sea yo quién mejor lleva el ritmo, pero puedo poner la música. Sé tocar la guitarra, el piano y la batería; el acompañamiento lo tienes asegurado, pero no, tú prefieres que te toque el culo.

Por eso te pido que dejes de programar, bailaremos esta noche pero a mí manera. Sumaremos tus números a mis palabras y los multiplicaremos por tres poemas.
Pero no me enseñes fórmulas para no olvidar, ni funciones que garanticen que nuestra historia no será una mierda. No hagas trampas que hoy no quiero jugar a ganar, ni quemar los recuerdos con el fuego de un mechero. Si te acecha el miedo ya sabes, es tu especialidad: encendido 1, apagado 0.


martes 11 de agosto de 2009

Las margaritas nunca dicen la verdad

“Eres mi mejor amiga”. Siempre quise escuchar esa frase, pero cómo jode que me la digas tú, que seas tú quien me destroce con cuatro palabras bonitas.

¿Qué hago ahora con todas la ilusiones? ¿Y con la cara de boba que se me queda cuando te veo? ¿Qué hago con todos los vasos que por temblar se cayeron?

Cómo me gustaría decírtelo, hacerte saber lo que siento. Cómo me gustaría ser fuerte, desprenderme de ti, convertirte en mi mejor amigo, cómo me gustaría olvidar que una vez me quisiste. Pero yo te espero, me empeño en sonreír y aguanto todos tus envites con valentía.

No veo, abro los ojos pero no puedo ver nada. Me ciegas. Pestañeo, intento apartar la mancha que me nubla la vista pero fracaso. Me gustas. Y te sigo, te acompaño a abrir mi herida y nos quedamos los dos observando cómo brota la sangre pero no siento dolor. Me anestesias. Contigo hasta mi sangre me gusta y me odio por ello, no soporto ser incapaz de imponer mis propias reglas en tu juego, no soy yo la que veo en el espejo. Me eclipsas.

Y cuando reúno el valor necesario me escapo, echando a correr sin rumbo, llevándome por delante todo lo que construí contigo. Pero me llamas, me atrapas y no dudo ni un segundo en volver, en volver una y otra vez a mezclar mi tiempo con el tuyo. Te ayudo a acabar con lo poco que aún queda de mí, se descosen los puntos de mi cicatriz y yo tiro con rabia, me los arranco uno a uno mientras me miras y tampoco duele porque tú estás allí.

Me aferro cada vez un poco más a ti aún sabiendo que quemas, que abrasas; no te suelto y me voy transformando en cenizas que caen indefensas al suelo, dejándose llevar por el aire que expulsas cuando pronuncias mi nombre.
Me gusta el veneno, sabe dulce si eres tú quien me lo da, pero no lo quiero, no quiero que me guste, no quiero que me invites a probarlo, a pesar de saber que no podré vivir sin ello. Malos vicios fueron tus besos que ahora pretenden vestirse de amistad, pero yo los probé cuando eran para mí y ahora no me reconozco al verme sentada en el suelo buscándolos bajo las baldosas.

Y me ahogo al hacerme reír y pierdo la cuenta deshojando rosas. Me desengañé al comprobar que las margaritas nunca dicen la verdad, sólo la transforman.

domingo 17 de mayo de 2009

Golosinas

Estoy buscando a una niña con flequillo y dos trenzas, no sé si la habrás visto por aquí. Lleva un vestido de lunares y un oso azul de peluche mal cogido entre las manos.

No la llames por ningún nombre porque seguramente no te responda, que no note que la miras porque probablemente se asuste y, sobre todo, no la preguntes por su vida porque te mentirá.

La reconocerás por su sonrisa de dientes de leche separados, que te regalará siempre y cuando no esperes que lo haga.
Si te fijas bien en ella te darás cuenta de que no tiene miedo, aunque a simple vista lo parezca; cuéntala algo divertido, dala confianza, no esperes nada de ella y te lo dará todo. No la pongas a prueba.

Llevo varios años buscándola pero todavía no he perdido la esperanza, solía jugar mucho en este parque, ¿estás seguro de que no la has visto por aquí?

Vengo todos los días y me siento a esperarla en los columpios, siempre traigo golosinas porque a ella la encantaba el regaliz rojo y, en cuanto veo un perro, me voy corriendo a casa porque a ella no la gustaban y sé que haría lo mismo.

Lo hago cada día, a modo de ritual. Pero tengo miedo, miedo a que cuando aparezca haya cambiado y se parezca demasiado a mí. Por eso te pregunto, ¿sabes? Creo que eres el único que me puede ayudar a encontrala.



martes 12 de mayo de 2009

Esperando nada

Voy a revelar una historia que es a veces mentira y otras no es verdad...




jueves 7 de mayo de 2009

Maldita felicidad

Maldita felicidad que me deja sin palabras cuando quiero expresar mis dudas, cuando me entran ganas de rellenar papeles en blanco porque de fumármelos me cansé hace ya rato.

Asquerosa sonrisa que se dibuja en mi cara cuando me acuerdo de ti, cuando tus labios me llaman, cuando se te escapa sin miedo un “te quiero” entre las manos, cuando el reloj de colores marca las dos y cuarto.

Felicidad contagiosa que me hace vulnerable, que me impide darme cuenta de que al final será un desastre, que me aprieta con fuerza y no consigue despegarme de unos besos que no existen porque no los vio nadie.

Alegría plastificada que no se rompe ni aunque la claves las uñas, que se mantiene intacta con ese estúpido brillo en los ojos que me inunda y me impide recordar todo lo que prometí no olvidar nunca.

Maldita felicidad que atormenta a la poesía, que no deja que las letras fluyan, que encadena mis dedos a los tuyos y entorpece el paso a mi razón.
Maldita felicidad que no se cura con aspirinas, que no se alimenta de drogas duras, que no se emborracha con alcohol.
Maldita felicidad que me acompaña hasta la salida, aunque trate de dejarla a solas en mi habitación.

jueves 16 de abril de 2009

Estudiándome

Biblioteca. Mis gafas sobre la mesa para hacerme la interesante, rotuladores de colores hartos de subrayar. Tu desorden organizado rompiendo todos mis esquemas, tu respiración nerviosa agitando la mía. Miradas que se buscan y se rehúyen al mismo tiempo con ganas de dejarse llevar. Sonrisas incomprensibles que dejan al descubierto los motivos que las llevaron allí. Tus números y mis letras jugando a caerse bien.

Toses y me desconcentras, no dices nada pero intuyo que no fueron las ganas de estudiar las que te trajeron aquí. Escribes deprisa sin mirar al papel, sé que estás pensando en mí.
Tus fórmulas matemáticas se te atraviesan, la calculadora no entiende la ecuación que dibujan mis nervios cada vez que me haces reír. Mis apuntes se descolocan inquietos, mimosos, inciertos, no están acostumbrados a que los toques con descaro mientras te fijas en mi forma de escribir.

Biblioteca. Es de noche, se oyen pasos, levantas la vista y te alegras de que aún siga sentada junto a ti. Me explicas lo que no sabes, aprendo lo que no quieres enseñarme, te escucho atenta mientras te confundes al intentar que entienda cómo se halla la raíz de números incalculables.
Hablas bajo y tu voz me hace cosquillas, disimulo con frases graciosas y te susurro mil tonterías.

Y entre libros van pasando las horas, entre integrales, estructuras y sintagmas nominales. Se contamina la morfosintaxis con el brillo de tus ojos tratando de conquistarme. Me pones nerviosa y me gusta. Te pongo nervioso y me asusta.
El tiempo se agota entre hojas, bolígrafos y grapadoras. Mi cuello se tensa, mis piernas tiemblan, tu boca se acerca. Pásame el tippex.

martes 31 de marzo de 2009

Pobre de ti

Pobre de ti, que lo apostaste todo al error equivocado. Que por querer salir ileso te salpicaste de amor, que te reíste del miedo hasta que te ganó.
Pobre de ti, que te traicionó el futuro porque tú pensabas que algún día iba a llegar, que te perdiste la fiesta para acompañar a tu soledad.

Pobre de ti, que nunca supiste soñar a ratos, que vendiste tus pocas trampas a quien no te las quiso comprar, que te suicidaste sin saberlo cuando me intentaste matar.
Pobre de ti, que te disfrazas con tu armadura de cartulina sin sospechar que mis balas no son de algodón, que te entretienes mirando al techo, que te confundes en cada estación.

Pobre de ti, que cantas cuando nadie te escucha por temor a desafinar, que me enseñaste lo malo y te tragaste lo bueno con café a la hora de desayunar, que tropezaste de madrugada con la arena de un reloj de cristal.

Pobre de mí, que jugué a quererte sin saber ganar.